Los primeros vestigios de civilización en el entorno del Mar Menor datan del Paleolítico, aunque los asentamientos de los que se tiene más información y de los que se han encontrado más vestigios son de las épocas romanas y árabe.
Los romanos apreciaban mucho la zona, donde desarrollaron una importante industria de salazones. Había también un importante tráfico marítimo, de lo que se desprende que tuvo que darse un asentamiento fundamentalmente industrial. Este tráfico era posible porque en la época romana, el Mar Menor estaba prácticamente unido al Mediterráneo. Con el tiempo, ha sufrido un lento y paulatino cierre respecto al Mediterráneo y su aspecto comenzó a ser similar al actual hace unos 1.000 años.
Antiguas crónicas, como el Libro de Montería de Alfonso X y las Crónicas de Felipe II, hablan de la riqueza faunística y la belleza paisajística de esta zona. Se conoce que la fauna era muy numerosa, la Isla del Ciervo conserva el toponímico del animal que la habitó. En la Edad Media abundaban mucho los cérvidos por las riberas del Mar Menor, y algunos ejemplares llegarían a nado hasta las Islas. Los romanos lo llamaban Belich y lo citaban como puerto de refugio incluso para naves pesadas, pues contaba con mucha más profundidad.
Sólo algunos pastores y pescadores moraban en las orillas marmenorenses cuando Alfonso X conquistó el reino de Murcia en el siglo XIII (las frecuentes incursiones de los piratas berberiscos desaconsejaban una estancia regular y sólo a partir de la conquista de Granada se produjo una lenta y tardía repoblación ). Entonces la albohera dependía del concejo de Murcia.
En 1266 Alfonso X ordenó que los vecinos de Murcia podían ser obligados a socorrer a los campesinos y pescadores del litoral cuando se tuviera conocimiento de un desembarco morisco., los asaltados enviaban señales de humo desde las torres vigías que se sucedían hasta llegar a Murcia (la torre de la iglesia de Santa Catalina era, finalmente, la encargada de advertir a la población).
Los incentivos y exenciones concedidas desde el reinado de Alfonso X suscitaron la aceptación de algunos nobles y caballeros de armas aragoneses, catalanes y murcianos de asentarse en la comarca formando pequeños y dispersos núcleos de población que todavía conservan su nombre o apellidos como topónimo de la localidad: Pacheco, Roldán, Pagán, etc.
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